jueves, 18 de junio de 2009

¿ Y los reporteros de nota roja?



“Para ejercer el periodismo, ante todo, hay que ser buenos seres humanos. Las malas personas no pueden ser buenos periodistas. Si se es una buena persona se puede intentar comprender a los demás, sus intenciones, su fe, sus intereses, sus dificultades, sus tragedias”.
Ryszard Kapuscinski


En México, el quehacer periodístico se remonta quizá hasta los códices elaborados por las culturas prehispánicas, con la conquista de los españoles, esto se intensifica y ejemplifica en las hojas volantes de aquella época (siglo XV) donde pretendían informar a cerca de acontecimientos locales.
Al pasar de los siglos y contextualizar nuevas épocas en la nación mexicana, se cae en cuenta de la importancia de los medios escritos para dar a conocer acontecimientos y mantener a una nación totalmente informada.
Bajo esta premisa en necesario acotar que el periodismo comenzó a especializarse a principios del siglo XIX; fue cuando surgieron los primeros editores, revisores, impresores y demás personas que completaban de esa forma el proceso de mantener al día a la sociedad mexicana, siempre a primera hora.
Conforme la profesión se hizo más compleja y completa también retomaban fuerza diversas tipificaciones para informar; es decir, en palabras simples surgió (entre otras tantas como el fotoperiodismo) la nota roja ya en pleno siglo XX, al marco de una sociedad en movimiento constante y de procesos en los cuales la tecnología se hacía presente, también existía una economía deficiente, pobreza y marginación generando cinturones de miseria en las ciudades, una sociedad debilitada y fragmentada fueron parte aguas de un periodismo más crudo, más realista pero también más persuasivo.
El periodismo sensacionalista –la nota roja- se introdujo en la cultura mediática mexicana a mediados de la década de los 90´s, justo cuando empezaba la decaída del sistema de partido único liderado por el Partido Revolucionario Institucional (PRI) y cuando la oposición comenzaba a ganar algunos puestos electorales estratégicos que comenzaban a generar cambios significativos en materia electoral; de acuerdo a lo que menciona Daniel Hallin en La nota roja: Periodismo Popular y transición a la democracia en México.
…Estos dos procesos, la democratización y la liberación, están históricamente unidos. Sin embargo, la medida en la que éstos están en armonía o conflicto y sus implicaciones para el periodismo y la función pública de los medios complican el análisis mediático, como también la política mexicana. Esto se configura como información esencial para el estudio de la tendencia a la “sensacionalización” del periodismo (Hallin, 2000:35 y 36).
El periodismo sensacionalista realmente fue todo un suceso en el aparato televisivo desde su surgimiento; las noticias sobre acontecimientos de crímenes realmente siempre ha existido en nuestro país. Y en el resto de América Latina y Europa no cabe duda que el proceder es parecido pues en cuestión de prensa el auge no es tan grande como el público que apuesta por lo visual.
La audiencia de la nota roja se concentra en los telespectadores. La novedad más significativa fue la emisión de Ciudad Desnuda por parte de Televisión Azteca en 1995…cuya principal materia prima eran los crímenes callejeros que asolaban la Ciudad de México, se constituyó como uno de los primeros éxitos de la cadena televisiva, subiendo hasta el 20% en el índice de raiting… (Hallin, 2000:36)
Pero como es de esperar, la empresa Televisa también produjo un programa de ese corte denominado Fuera de la ley, que restó audiencia a TV Azteca.

Es interesante aclarar que ambos programas suscitaron demasiada crítica por parte de diversos sectores sociales, como por ejemplo intelectuales, periodistas, organizaciones civiles, anunciantes e inclusive hasta al mismo presidente; pues consideraban a la nota roja como contribuyente a empeorar el problema del crimen, a empeorar el problema del crimen, impulsar la cultura de violencia, y los de izquierda; definitivamente de impulsar una ideología política de corte autoritario (Haullin, 2000).
Un estudio aseguraba que, en el año de 1996, se emitían en la Ciudad de México 31 horas a la semana de programas sobre violencia basados en hechos reales, incluyendo Primer Impacto, programa sensacionalista producido por Univisión, red hispanohablante estadounidense ligada a Televisa (Haullin, 2000: 36)
Visión Urbana y Duro y Directo, nuevos programas de el duopolio mediático en México, fueron los sustitutos ideales para continuar con un ambiente sensacionalista en la emisión televisiva, presentaban generalmente crímenes callejeros, con ritmos rápidos, tonos sofocantes, imágenes dramáticas y altos niveles emotivos; a diario encontramos un nuevo suministro de “espantosos crímenes”, “ríos de sangre” y “bajas pasiones”.
Sin duda alguna, la emisión de este tipo de programas acarrea grandes consecuencias pues sólo pueden construirse como uno más de los emisores persuasivos que ciertamente, reflejan una parte de lo que vive el pueblo mexicano, donde la pobreza aumente gravemente a consecuencia de la enorme crisis que se vive en el periodo de Ernesto Zedillo, donde la criminalidad aumenta, donde la violencia es el pan de cada día en las calles de la ciudad de México y demás estados. Ciertamente estos programas son parámetros de lo que se vive, pero también distorsionan la realidad pues mostrando violencia se genera más violencia, pero sobre todo incertidumbre.


Una interpretación común de la sensacionalización o, para decirlo de forma más precisa, del cambio hacia el periodismo puramente movido por la lógica del mercado, atañe a la degradación o merma de la democracia causada por expulsar el debate e información política fuera de los medios, reemplazándolos por asuntos de la vida privada…Esta clase de periodismo popular, se puede argumentar; podría proporcionar (Haullin, 2000:39)
A pesar de que no se contradice de ninguna manera lo que está escrito anteriormente, la situación de la nota roja es distinta desde la perspectiva del reportero que la recrea cotidianamente, pues es su medio de subsistencia; es ahí donde las cosas dan un giro relativamente enorme.
Los periodistas comenzaron a mostrarse más orientados a ser representantes de lo público; pero dese el surgimiento de la nota roja a los hacedores de este tipo de información no se les toma en cuenta como debería hacerse. En general, no existe especialización para realizar este tipo de notas pues se requiere de contar con demasiadas cualidades que se han dejado en el olvido y se cae en dejar este tipo de escritos a cualquier persona que comienza en el trabajo periodístico.
En México hay actores que han estado siempre en el centro de la vida pública, aunque no necesariamente han tenido la posibilidad de poner a debate su rol en ella. En este caso hacemos referencia a los medios de comunicación masiva pues son quienes actualmente tejen y destejen discursos e imágenes públicas, pero pocas veces, me atrevería a decir que casi nunca, voltean al espejo para poder descubrir el porqué de lo que hacen, pero más importante aún, de lo que son.
Existen diversas hipótesis, algunas demasiado sólidas para hacer referencia a la forma de producción de la noticia, algunos intelectuales de los medios proponen que dicha producción se debe a diversos intereses pero principalmente son de carácter económico; algunos otros mencionan que se escribe de acuerdo a la inercia social, que una cosa o acontecimiento conduce a otro y así sucesivamente.


Pero en el caso de la nota roja, o mejor dicho (para periodistas que merecen todo el reconocimiento de su trabajo) a cerca de la construcción de noticias sobre seguridad pública y justicia penal, también se articulan por reglas impuestas desde la ideología dominante del etiquetamiento y el castigo, todo esto de acuerdo a un estudio realizado por el Instituto para la Seguridad y democracia y la División de Estudios Jurídicos del CIDE en el pasado 2004.

La criminología más avanzada lo ha dejado en claro: en grados diversos, a través de formatos y símbolos evidentes o engañosos, los medios de comunicación tienden a producir y reproducir el discurso y los instrumentos que soportan el castigo penal que aplica el Estado, aún si el mismo se arropa en formatos de intervención de tipo autoritario. Sea o no válida esta hipótesis, sean cuales sean las mecánicas internas de las oficinas de redacción y los vasos comunicantes hacia los aparatos de seguridad pública y justicia penal, el problema de fondo es que dichos medios no son conducidos hacia ejercicios de análisis y auto-observación (Lara, 2004:08).

Precisamente porque a pesar de que es una ardua labor, también se encuentra entre actividades que no son bien reconocidas, de manera general, si siempre se hace referencia al gran poder de persuasión que ejercen los medios masivos de comunicación, es preciso hacer hincapié en que la nota roja, o como en esta investigación se hacen llamar constructores de noticias sobre seguridad pública y justicia penal, lo que encontramos es que tienen un gran alcance hacia los ciudadanos, hacia el pueblo mexicano que quizá movido por la cultura del morbo siempre le llama la atención el enterarse de sucesos desagradables para así medir el índice delictivo donde se desenvuelve.



¿Pero qué es lo que vá más allá de el hecho de construir la nota roja?, la respuesta quizá contendrá diversas aristas, sin embargo, no es costumbre que se lleve a periodistas y a medios para los que trabajan a un debate profundo y verdaderamente abierto sobre sí mismos pues algunos medios tienen como política institucional funcionar al margen de cualquier iniciativa que no sea organizada por ellos e impiden a sus reporteros asistir a foros de cualquier naturaleza donde sea posible dejar ver simplemente los códigos formales e informales que organiza y complementa su labor.
Pero no sólo eso, sino que como una especia de coartada o caparazón de este tipo de medios, pues simplemente se excusan y utilizan a la libertad de expresión como escudo pues toda intención que tenga como propósito consensuar estándares profesionales y éticos mínimos, particularmente si vienen de fuera del gremio, es leída y criticada como cortapisa frente a esa libertad. (Lara, 2004:08)
Los medios sin duda alguna hacen grandes aportaciones en la actualidad hacia nuestra incipiente democracia pero aún falta recorrer un largo trecho para poder consolidarse como verdaderas empresas democráticas lo cual radica en su débil capacidad para poder institucionalizar estándares de transparencia que los hagan entidades sujetas al debate público respecto a sus acciones y compromiso social.
Para construir la nota roja es preciso saber las implicaciones que éstas contraen, o mejor dicho, las que contrae el periodista o reportero que necesite o desee hacerlo.
En el libro Violencia y Medios 2; Marco Lara Klahr, periodista independiente, hace una importante aportación a lo que implica construir dicha nota. Ejemplifica que un director de un influyente medio de comunicación ordenó en 2005 la producción de un reportaje televisivo que revelara las peculiaridades del mercado de drogas al menudeo.

Obviamente, la reportera y camarógrafo se preocupan tanto por obtener imágenes verídicas de cierta forma, por encontrar a algún mediador que pueda ser el contacto con los vendedores de estas sustancias y mostrar peculiaridades de este sector. Lo que sucede es que la persona que los guía es informante en aquel entonces de la Policía Judicial del Distrito Federal en Azcapotzalco quien les asegura que en unas cuantas horas, cuando se acercara la noche, podrían obtener las imágenes tan deseadas; como quien va de caza.
Al llegar al lugar las imágenes son de una calle totalmente desierta, donde a primera vista casi puede percibirse la impunidad; de repente y de forma ocasional pasan algunas personas, de ellos, la víctima es un joven obeso, de gorra y de vestir informal quien después de grito, golpes y silencio, cae de espaldas ante este informante que violenta sus garantías individuales todo para poder obtener la nota, lo acusa de vendedor de droga y a pesar de los golpes aquel joven lo niega todo.la reportera se agacha para realizar la entrevista ante el joven en el suelo, éste no puede contestar pues es presa del miedo y la incertidumbre, pocos minutos después llega la patrulla y es llevado quién sabe dónde. La reportera opina que ese hombre es efectivamente distribuidor y vendedor de droga.
Frente a la consola de edición, en un primer momento el camarógrafo que filmó tales excesos muestra una sorpresa genuina de que el resultado de su trabajo, un video aterrador que consigna la impunidad histórica, sistémica, cómplice de policías y periodistas, sea expuesto al tamiz de la ética. En realidad transita de sorpresa en sorpresa, en especial cuando comprende todo lo que aquellas tomas pueden significar. Y confiesa, sin pretender justificarse, que aquella noche volvió a su casa asqueado, preguntándose “”qué mierda de país es este” donde “la policía puede golpear impunemente y acusar a un ciudadano”.
Al principio no relaciona esa reflexión tan áspera con su propio papel de periodista, propiciador de vejaciones contra ciudadanos; no está seguro, dice, de que su conclusión acerca de México pueda completarse así: “Qué mierda de país éste donde la policía y los periodistas podemos golpear y acusar impunemente a un ciudadano”. Él se define como un tipo profesional que, pase lo que pase, primero filma y después averigua; en tal cualidad finca, de hecho, parte de su autoestima como periodista – excluyendo el dato esencial de que esas personas estaban siendo violentadas a petición suya, para permitirle tener unas imágenes que de otra manera quizá no habría sido capaz de conseguir. (Lara, 2004:15 y 16)

Tendrían que pasar sólo algunos momentos para que el camarógrafo comprendiera la forma inadecuada para proceder y obtener una nota; desafortunadamente este es el país donde vivimos, donde las personas en ciertos lugares no se intimidan con alguna metralleta o pistola pero sí con las cámaras y micrófonos de los medios de comunicación que enjuician y sentencian a las personas día con día. Ciertamente la nota roja cuenta con gran audiencia televisiva y con gran lectura, sin embargo en las notas va implícita la ética del periodista quién sabe la forma en la que construyó la noticia.
Sólo con mayor capacidad de autocrítica del gremio y mayor responsabilidad social podrá quitarse este bache que tanto daño hace a la industria periodística; con mayor reflexión ciudadana y apoyo de los gobernantes podrá también protegerse a los reporteros que día con día se arriesgan por obtener información que sirve a la sociedad.


BIBLIOGRAFÍA Y FUENTES ELECTRÓNICAS

Lara Klahr, Marco y López Portillo Vargas, Ernesto (coordinadores) (2006). Violencia y Medios 2. Reporteros de Policía. México: INSIDE/CIDE.

C. Hallin, Daniel (2000) La nota roja: Periodismo Popular y transición a la democracia en México. PDF File.